Irán cuestiona el pacto nuclear en plena escalada de tensión con EE UU


El presidente Rohani anuncia que su país no limitará su producción de uranio enriquecido en respuesta a la salida de EE UU del acuerdo de 2015, pero no abandona el pacto

El presidente iraní, Hasan Rohani (derecha), conversa con el director de la Organización de Energía Atómica de Irán. ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

ÁNGELES ESPINOSA

Irán ha anunciado este miércoles que deja de limitar sus reservas de agua pesada y de uranio enriquecido tal como se había comprometido bajo el acuerdo nuclear de 2015. La decisión, anunciada por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional (CSSN), es la respuesta al abandono del pacto por parte de Estados Unidos hace justamente un año y ha sido comunicada por el Ministerio de Asuntos Exteriores a los embajadores del resto de los países firmantes del pacto (Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China). En un discurso televisado a la nación, el presidente iraní, Hasan Rohani, ha dejado claro sin embargo que Irán no abandona el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC, nombre oficial del acuerdo).

“Para proteger la seguridad y los intereses nacionales de los iraníes, y en aplicación de los derechos que se establecen en los artículos 26 y 36 del PIAC, la República Islámica de Irán interrumpe algunas de las medidas que adoptó bajo ese acuerdo a partir de hoy, 8 de mayo de 2019”, afirma el comunicado del CSSNy del que Rohani ha informado en sendas cartas a los líderes de los otros cinco países firmantes. “Ya no estamos comprometidos con las limitaciones a la cantidad de uranio enriquecido o agua pesada que podemos mantener”, concreta en referencia a los dos productos que pueden utilizarse tanto para generar energía eléctrica como para fabricar una bomba. Los responsables iraníes siempre han negado la dimensión militar.

El texto también da un plazo de 60 días al resto de los signatarios del PIAC para que cumplan sus compromisos, en especial en lo que respecta al petróleo y el sistema bancario. El levantamiento de las sanciones en esos sectores eran los principales beneficios que Irán iba a obtener por la limitación de su programa atómico, pero que han quedado en agua de borrajas a raíz de la decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, de sacar a su país del acuerdo alegando que Irán estaba usando los beneficios económicos del pacto para sufragar su programa de misiles y a grupos regionales contrarios a sus intereses o los de sus aliados.

A pesar de la fanfarria con la que Irán ha anunciado estas medidas, en medio de un clima de creciente tensión con Estados Unidos, el presidente Rohani ha dejado claro que su país sigue interesado en el acuerdo y que no abandona la mesa de negociación. Durante su mensaje televisado a la nación, ha insistido en que el PIAC debía ser un pacto en el que todos salieran ganando. También ha subrayado el incumplimiento de sus obligaciones por parte del resto de los signatarios, en especial la Unión Europea.

“La UE no ha logrado cumplir sus promesas económicas a Irán. La postura europea es buena en palabras, pero no en hechos”, ha dicho Rohani. Los dirigentes iraníes llevan meses quejándose de la incapacidad de los europeos para hacer frente a Estados Unidos y lograr que funcione el Instrumento de Apoyo a los Intercambios Comerciales (INSTEX) con el que Bruselas intenta que las empresas europeas puedan comerciar con Irán. La falta de avances al respecto, que fuentes diplomáticas europeas atribuyen a los problemas del sistema bancario iraní, ha hecho que Teherán se vuelva hacia Rusia, China y Turquía en busca de canales alternativos para sortear las sanciones.

La primera impresión de los analistas es que Irán ha reaccionado con contención al posponer 60 de las medidas más radicales. El Gobierno de Teherán se encuentra ante una gran presión de Estados Unidos. Además de reimplantar sus sanciones (que extiende a países terceros), la semana pasada el secretario norteamericano de Estado, Mike Pompeo, amenazó con sancionar a los países que reciban el exceso de uranio o de agua pesada de Irán. De ahí que la decisión de dejar de vender esos productos, como se estableció en el acuerdo nuclear, y almacenarlos más allá de los límites permitidos sea más una consecuencia que una iniciativa.

El efecto de las sanciones ha sido brutal. En el último año, la inflación se ha disparado por encima del 40%, el rial (la moneda iraní) ha perdido dos tercios de su valor y decenas de miles de trabajadores se han quedado en la calle por la falta de actividad. Aunque las autoridades han reaccionado reforzando los subsidios a los más desfavorecidos, controlando el cambio de divisas y poniendo coto a la corrupción rampante, el parón es evidente. Según, el Fondo Monetario Internacional, la economía iraní se contrajo un 3,9% el año pasado y ya preveía que este año lo haga un 6% antes de las recientes inundaciones que han causado daños por 2.700 millones de euros.

“Con Estados Unidos aumentando constantemente las sanciones y las presiones, y con el fracaso de las otras potencias mundiales en facilitar garantías para los beneficios económicos del PIAC, la paciencia de Irán se está agotando”, advertía el lunes en un artículo Hossein Mousavian, analista iraní y ex portavoz del equipo negociador nuclear cuando era dirigido por el hoy presidente Rohani. En su opinión, Teherán solo tiene dos opciones: “un retirada gradual del PIAC o una salida inmediata del tratado de no proliferación y del PIAC de forma simultánea”.

Mousavian, que en la actualidad es investigador visitante en la Universidad de Princeton (EEUU), advierte de las consecuencias de esta última y se inclina por la primera. Tal parece ser la elección tomada por el Gobierno iraní a decir de las informaciones aparecidas en los medios de comunicación estatales desde el fin de semana.La web de la radiotelevisión iraní, IRIB, aseguraba que Rohani va a anunciar el día 8, al cumplirse exactamente un año de la decisión de Trump, la reducción de algunos compromisos “menores y generales” bajo el acuerdo.

Guerra psicológica y verbal

Irán ha calificado de “guerra psicológica” el anuncio por parte de Estados Unidos de que enviaba el portaviones Abraham Lincoln al golfo Pérsico para hacer frente a una “amenaza creíble” de Teherán.Tanto el portavoz del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Keivan Josravi, como el ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, han insistido en que el navío llegó al Mediterráneo hace tres semanas y desestiman la supuesta amenaza.

“Si EEUU y sus satélites no se sienten seguros es porque son despreciados por la gente de la región. Culpar a Irán no va a cambiar eso”, ha tuiteado Zarif. El locuaz ministro iraní atribuye la actual crisis a lo que denomina el Equipo B, por las iniciales de (John) Bolton (consejero de Seguridad Nacional de EEUU), Bibi (Netanyahu, primer ministro israelí), (Mohamed) Bin Zayed y (Mohamed) Bin Salmán (hombres fuertes de Emiratos Árabes y Arabia Saudí, respectivamente). A los cuatro se les atribuye buscar un cambio de régimen en Teherán.

MIKE POMPEO VISITA IRAK POR SORPRESA

AMANDA MARS

En plena escalada de tensión, el jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, realizó este martes una visita sorpresa a Irak y se reunió con el primer ministro, Adel Abdel Mahdi, en Bagdad. Pompeo encendió las alarmas por la mañana, al cancelar un encuentro con la canciller Angela Merkel en Berlín alegando “asuntos urgentes” en pleno escenario turbulento en Oriente Medio -el Pentágono acaba de anunciar el despliegue de varios bombarderos B-52 en la región del golfo Pérsico- . “Hablamos de la importancia de que Irak garantice que es capaz de proteger de manera adecuada a los estadounidenses en su país”, dijo el secretario de Estado tras verse con Mahdi, que atribuyó el viaje inesperado a la “escalada de actividades de Irán”.