Terrorífica cornada a Gonzalo Caballero en Las Ventas

La gravísima herida, con dos trayectorias de 30 y 25 centímetros, secciona la femoral; tras ser operado en la enfermería fue intervenido de nuevo en el hospital por especialistas en cirugía vascular

Volvía Gonzalo Caballero a la guerra, otra vez con el terno sangre de toro y oro, otra vez en el sitio donde la arena arde. Y de nuevo en la hora final, en una estocada a matar o morir, el pitón se hundió en el muslo izquierdo. Certera la daga, taladró la pierna en dos trayectorias de 30 y 25 centímetros, seccionando la femoral y ramas colaterales. Un tabacazo terrorífico. Caballero había brindado ese segundo toro al doctor Máximo García-Padrós, su ángel salvador hace apenas cinco meses cuando cayó herido en San Isidro. Y otra vez tuvo que obrar el milagro. Si aquel percance fue duro, este llevaba el sello de «muy grave», con destrozos en los músculos sartorio y cuádriceps y la contusión de la pala iliaca.

PARTE MÉDICO

Gonzalo Caballero fue operado de una cornada en el tercio proximal de la cara interna del muslo izquierdo, con dos trayectorias, unas de 30 centímetros hacia arriba y hacia fuera, que produce destrozos en músculos sartorio y cuádriceps y contusiona la pala iliaca izquierda y tora de 25 centímetros hacia atrás que secciona vena femoral y ramas colaterales. Pronóstico muy grave.

Caballero había firmado una faena verdadera, con sinceridad en cada cite, dispuesto de principio a fin, desde la apertura por estatuarios de quietud total. Madrid le aplaudió su sincera colocación y esa entrega sin límites ante un toro de Valdefresno noble pero falto de gas, cuya presencia no había agradado demasiado. Tras unas ceñidas bernadinas, se perfiló para matar y, en el momento en el que enterraba la espada, el pitón perforó con saña ese muslo colmado de cicatrices y la femoral partida. «Clavelero», que así se llamaba el toro de la desigual corrida, lo zarandeó con violencia por dos veces, con derrotes muy secos. Se presentía la gravedad: ya en la arena, el propio torero, con gesto de dolor, se taponaba la herida con las manos, empapadas de esa sangre que manaba a borbotones. 

La sangre de un valiente en el día de la Hispanidad. A la enfermería le llevaron la oreja conquistada. Dos largas horas depués de una delicada operación, le trasladaron al hospital San Francisco de Asís, donde fue intervenido de nuevo por el doctor Claudio Gandarias, director de la unidad de cirugía vascular, el mismo que operó a Román tras su brutal cornada en la Monumental venteña. Según fuentes cercanas, la operación fue satisfactoria, aunque hay que esperar las lógicas horas para ver la evolución.

No fue el único momento dramático de un festejo con muchísimo (y raro) ambiente en los tendidos. Solo un manto divino pudo librar a Jesús Enrique Colombo de una cornada en las banderillas al quinto. «Gañanito» lo prendió de horrible manera y pasó por encima como una apisonadora. La paliza había sido de aúpa. Visiblemente conmocionado, sin chaquetilla y cojeando ostensiblemente, la ilusión de Venezuela regresó a la cara del valdefresno en busca de la oreja necesaria para cruzar la Puerta Grande (había cortado una del buen tercero). La pidió la gente por su esfuerzo, sus agallas y su disposición, pero todo quedó en una vuelta al ruedo. 

Por el percance de Caballero, Eugenio de Mora dio cuenta de tres toros, pero ni tuvo un lote de muchas opciones ni su mejor tarde.

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Author: ABC Online

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